
En 2018, el gasto en medios OTT se triplicó en dos años y continúa creciendo: un 46% de los adultos del Reino Unido ya utiliza servicios OTT. A primera vista, la televisión OTT de pago es un sector en pleno auge. Se prevé que en 2019 o principios de 2020 se lancen nuevos servicios de BritBox, Disney, NBCUniversal, Time Warner e incluso, posiblemente, Apple. De hecho, a finales de 2018, Ofcom informó de que el número de suscripciones en el Reino Unido a servicios de retransmisión televisiva en continuo, como Netflix, había superado por primera vez al de la televisión de pago tradicional.
De lo que no cabe duda es de que la forma que elegimos para ver contenidos está cambiando radicalmente. En este artículo, analizamos las repercusiones de la segmentación de los servicios y la neutralidad de la red, y estudiamos cómo se puede mantener el interés de los consumidores con múltiples plataformas justificando los costes.
Más que económico
Están surgiendo nuevos servicios OTT por todas partes, y si tenemos en cuenta que los servicios básicos como Sky o Virgin cuestan unas 80 libras al mes, cualquier suscripción adicional como Netflix o Spotify podría hacer que algunos pagaran más de 100 libras mensuales por su ración de entretenimiento. Con esto en mente, existe el riesgo de que los consumidores se echen las manos a la cabeza ante el coste total que gastan en estos servicios cada mes.
¿Pero qué ocurre con el coste psicológico? Es probable que una sobresaturación de plataformas acabe provocando el cansancio de los clientes. Además, los contenidos que antes eran exclusivos de una plataforma podrían acabar licenciándose en varias para tentar a los clientes a utilizar otro servicio, y viceversa, haciendo que contenidos que estaban ampliamente disponibles pasen a ser de exclusividad de repente. El temor es que los consumidores se saturen y acaben por darse de baja de los servicios adicionales por completo.
Entonces, ¿cómo pueden conseguir los proveedores que su servicio siga despertando el interés del espectador? Manteniendo las cosas sencillas. No hay nada más frustrante que una experiencia de usuario compleja. En segundo lugar, y quizás lo más importante, cualquier contenido debe reproducirse con fluidez; los usuarios perderán la paciencia si una plataforma se cuelga constantemente, por muy bueno que sea el contenido.
Búsqueda de un equilibrio
Más servicios OTT conllevan inevitablemente un aumento de los debates en torno a la neutralidad de la red. Con la derogación de las normas de neutralidad de la red por parte de la FCC estadounidense, los proveedores de Internet pueden ahora restringir el acceso a su red en función de quién pueda permitirse pagar.
La realidad es que los servicios de transmisión y las emisoras necesitan a los operadores de telecomunicaciones, y viceversa. Sin embargo, hay que alcanzar un equilibrio; de lo contrario, uno de ellos podría desaparecer y el otro le seguiría rápidamente. Pero ¿quién paga? En última instancia, siempre repercute en el abonado final. Si las plataformas de contenidos como Netflix no quieren pagar a los proveedores de banda ancha para que prioricen su tráfico, el consumidor final recibe un servicio deficiente y, a su vez, podría darse de baja.
Si los proveedores de banda ancha empiezan a restringir el acceso y a cobrar una cuota por utilizar su conexión, las repercusiones serán mayores para los proveedores más pequeños y los abonados finales. Por lo tanto, la única forma de evitarlo es pagar, lo que incrementa el coste para los abonados. Y las posibilidades de éxito siempre son menores si hay que hacer frente a costes elevados.
Dicho esto, hasta la fecha el Reino Unido y, de hecho, el conjunto de la UE no están a favor de reducir la neutralidad de la red, permitiendo que todos compitan en igualdad de condiciones, por lo que parece que los abonados al menos no se verán atados de pies y manos por este cargo adicional y los proveedores de servicios seguirán disfrutando de un terreno de juego equitativo.
¿Cómo es la realidad?
La segmentación del servicio siempre va a encarecer los costes para el usuario final, ya sea mediante un incremento de los servicios o una subida del coste de la suscripción. Y para los proveedores, la guerra de contenidos también podría resultar costosa, ya que los espectadores esperan tanto cantidad como calidad. Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre las opciones a la hora de crear un servicio OTT, lo que esto supone para un proveedor de servicios y las repercusiones en los costes, que puede leer aquí.
No se puede evitar: los servicios de televisión OTT de pago han llegado para quedarse. Pero lo que está claro es que los proveedores de contenidos deben seguir dando prioridad al cliente y darse cuenta de que llegará un momento en que este no esté dispuesto a pagar el precio de los OTT.
En 2018, el gasto en medios OTT se triplicó en dos años y continúa creciendo: un 46% de los adultos del Reino Unido ya utiliza servicios OTT. A primera vista, la televisión OTT de pago es un sector en pleno auge. Se prevé que en 2019 o principios de 2020 se lancen nuevos servicios de BritBox, Disney, NBCUniversal, Time Warner e incluso, posiblemente, Apple. De hecho, a finales de 2018, Ofcom informó de que el número de suscripciones en el Reino Unido a servicios de retransmisión televisiva en continuo, como Netflix, había superado por primera vez al de la televisión de pago tradicional.
De lo que no cabe duda es de que la forma que elegimos para ver contenidos está cambiando radicalmente. En este artículo, analizamos las repercusiones de la segmentación de los servicios y la neutralidad de la red, y estudiamos cómo se puede mantener el interés de los consumidores con múltiples plataformas justificando los costes.
Más que económico
Están surgiendo nuevos servicios OTT por todas partes, y si tenemos en cuenta que los servicios básicos como Sky o Virgin cuestan unas 80 libras al mes, cualquier suscripción adicional como Netflix o Spotify podría hacer que algunos pagaran más de 100 libras mensuales por su ración de entretenimiento. Con esto en mente, existe el riesgo de que los consumidores se echen las manos a la cabeza ante el coste total que gastan en estos servicios cada mes.
¿Pero qué ocurre con el coste psicológico? Es probable que una sobresaturación de plataformas acabe provocando el cansancio de los clientes. Además, los contenidos que antes eran exclusivos de una plataforma podrían acabar licenciándose en varias para tentar a los clientes a utilizar otro servicio, y viceversa, haciendo que contenidos que estaban ampliamente disponibles pasen a ser de exclusividad de repente. El temor es que los consumidores se saturen y acaben por darse de baja de los servicios adicionales por completo.
Entonces, ¿cómo pueden conseguir los proveedores que su servicio siga despertando el interés del espectador? Manteniendo las cosas sencillas. No hay nada más frustrante que una experiencia de usuario compleja. En segundo lugar, y quizás lo más importante, cualquier contenido debe reproducirse con fluidez; los usuarios perderán la paciencia si una plataforma se cuelga constantemente, por muy bueno que sea el contenido.
Búsqueda de un equilibrio
Más servicios OTT conllevan inevitablemente un aumento de los debates en torno a la neutralidad de la red. Con la derogación de las normas de neutralidad de la red por parte de la FCC estadounidense, los proveedores de Internet pueden ahora restringir el acceso a su red en función de quién pueda permitirse pagar.
La realidad es que los servicios de transmisión y las emisoras necesitan a los operadores de telecomunicaciones, y viceversa. Sin embargo, hay que alcanzar un equilibrio; de lo contrario, uno de ellos podría desaparecer y el otro le seguiría rápidamente. Pero ¿quién paga? En última instancia, siempre repercute en el abonado final. Si las plataformas de contenidos como Netflix no quieren pagar a los proveedores de banda ancha para que prioricen su tráfico, el consumidor final recibe un servicio deficiente y, a su vez, podría darse de baja.
Si los proveedores de banda ancha empiezan a restringir el acceso y a cobrar una cuota por utilizar su conexión, las repercusiones serán mayores para los proveedores más pequeños y los abonados finales. Por lo tanto, la única forma de evitarlo es pagar, lo que incrementa el coste para los abonados. Y las posibilidades de éxito siempre son menores si hay que hacer frente a costes elevados.
Dicho esto, hasta la fecha el Reino Unido y, de hecho, el conjunto de la UE no están a favor de reducir la neutralidad de la red, permitiendo que todos compitan en igualdad de condiciones, por lo que parece que los abonados al menos no se verán atados de pies y manos por este cargo adicional y los proveedores de servicios seguirán disfrutando de un terreno de juego equitativo.
¿Cómo es la realidad?
La segmentación del servicio siempre va a encarecer los costes para el usuario final, ya sea mediante un incremento de los servicios o una subida del coste de la suscripción. Y para los proveedores, la guerra de contenidos también podría resultar costosa, ya que los espectadores esperan tanto cantidad como calidad. Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre las opciones a la hora de crear un servicio OTT, lo que esto supone para un proveedor de servicios y las repercusiones en los costes, que puede leer aquí.
No se puede evitar: los servicios de televisión OTT de pago han llegado para quedarse. Pero lo que está claro es que los proveedores de contenidos deben seguir dando prioridad al cliente y darse cuenta de que llegará un momento en que este no esté dispuesto a pagar el precio de los OTT.
En 2018, el gasto en medios OTT se triplicó en dos años y continúa creciendo: un 46% de los adultos del Reino Unido ya utiliza servicios OTT. A primera vista, la televisión OTT de pago es un sector en pleno auge. Se prevé que en 2019 o principios de 2020 se lancen nuevos servicios de BritBox, Disney, NBCUniversal, Time Warner e incluso, posiblemente, Apple. De hecho, a finales de 2018, Ofcom informó de que el número de suscripciones en el Reino Unido a servicios de retransmisión televisiva en continuo, como Netflix, había superado por primera vez al de la televisión de pago tradicional.
De lo que no cabe duda es de que la forma que elegimos para ver contenidos está cambiando radicalmente. En este artículo, analizamos las repercusiones de la segmentación de los servicios y la neutralidad de la red, y estudiamos cómo se puede mantener el interés de los consumidores con múltiples plataformas justificando los costes.
Más que económico
Están surgiendo nuevos servicios OTT por todas partes, y si tenemos en cuenta que los servicios básicos como Sky o Virgin cuestan unas 80 libras al mes, cualquier suscripción adicional como Netflix o Spotify podría hacer que algunos pagaran más de 100 libras mensuales por su ración de entretenimiento. Con esto en mente, existe el riesgo de que los consumidores se echen las manos a la cabeza ante el coste total que gastan en estos servicios cada mes.
¿Pero qué ocurre con el coste psicológico? Es probable que una sobresaturación de plataformas acabe provocando el cansancio de los clientes. Además, los contenidos que antes eran exclusivos de una plataforma podrían acabar licenciándose en varias para tentar a los clientes a utilizar otro servicio, y viceversa, haciendo que contenidos que estaban ampliamente disponibles pasen a ser de exclusividad de repente. El temor es que los consumidores se saturen y acaben por darse de baja de los servicios adicionales por completo.
Entonces, ¿cómo pueden conseguir los proveedores que su servicio siga despertando el interés del espectador? Manteniendo las cosas sencillas. No hay nada más frustrante que una experiencia de usuario compleja. En segundo lugar, y quizás lo más importante, cualquier contenido debe reproducirse con fluidez; los usuarios perderán la paciencia si una plataforma se cuelga constantemente, por muy bueno que sea el contenido.
Búsqueda de un equilibrio
Más servicios OTT conllevan inevitablemente un aumento de los debates en torno a la neutralidad de la red. Con la derogación de las normas de neutralidad de la red por parte de la FCC estadounidense, los proveedores de Internet pueden ahora restringir el acceso a su red en función de quién pueda permitirse pagar.
La realidad es que los servicios de transmisión y las emisoras necesitan a los operadores de telecomunicaciones, y viceversa. Sin embargo, hay que alcanzar un equilibrio; de lo contrario, uno de ellos podría desaparecer y el otro le seguiría rápidamente. Pero ¿quién paga? En última instancia, siempre repercute en el abonado final. Si las plataformas de contenidos como Netflix no quieren pagar a los proveedores de banda ancha para que prioricen su tráfico, el consumidor final recibe un servicio deficiente y, a su vez, podría darse de baja.
Si los proveedores de banda ancha empiezan a restringir el acceso y a cobrar una cuota por utilizar su conexión, las repercusiones serán mayores para los proveedores más pequeños y los abonados finales. Por lo tanto, la única forma de evitarlo es pagar, lo que incrementa el coste para los abonados. Y las posibilidades de éxito siempre son menores si hay que hacer frente a costes elevados.
Dicho esto, hasta la fecha el Reino Unido y, de hecho, el conjunto de la UE no están a favor de reducir la neutralidad de la red, permitiendo que todos compitan en igualdad de condiciones, por lo que parece que los abonados al menos no se verán atados de pies y manos por este cargo adicional y los proveedores de servicios seguirán disfrutando de un terreno de juego equitativo.
¿Cómo es la realidad?
La segmentación del servicio siempre va a encarecer los costes para el usuario final, ya sea mediante un incremento de los servicios o una subida del coste de la suscripción. Y para los proveedores, la guerra de contenidos también podría resultar costosa, ya que los espectadores esperan tanto cantidad como calidad. Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre las opciones a la hora de crear un servicio OTT, lo que esto supone para un proveedor de servicios y las repercusiones en los costes, que puede leer aquí.
No se puede evitar: los servicios de televisión OTT de pago han llegado para quedarse. Pero lo que está claro es que los proveedores de contenidos deben seguir dando prioridad al cliente y darse cuenta de que llegará un momento en que este no esté dispuesto a pagar el precio de los OTT.
En 2018, el gasto en medios OTT se triplicó en dos años y continúa creciendo: un 46% de los adultos del Reino Unido ya utiliza servicios OTT. A primera vista, la televisión OTT de pago es un sector en pleno auge. Se prevé que en 2019 o principios de 2020 se lancen nuevos servicios de BritBox, Disney, NBCUniversal, Time Warner e incluso, posiblemente, Apple. De hecho, a finales de 2018, Ofcom informó de que el número de suscripciones en el Reino Unido a servicios de retransmisión televisiva en continuo, como Netflix, había superado por primera vez al de la televisión de pago tradicional.
De lo que no cabe duda es de que la forma que elegimos para ver contenidos está cambiando radicalmente. En este artículo, analizamos las repercusiones de la segmentación de los servicios y la neutralidad de la red, y estudiamos cómo se puede mantener el interés de los consumidores con múltiples plataformas justificando los costes.
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Están surgiendo nuevos servicios OTT por todas partes, y si tenemos en cuenta que los servicios básicos como Sky o Virgin cuestan unas 80 libras al mes, cualquier suscripción adicional como Netflix o Spotify podría hacer que algunos pagaran más de 100 libras mensuales por su ración de entretenimiento. Con esto en mente, existe el riesgo de que los consumidores se echen las manos a la cabeza ante el coste total que gastan en estos servicios cada mes.
¿Pero qué ocurre con el coste psicológico? Es probable que una sobresaturación de plataformas acabe provocando el cansancio de los clientes. Además, los contenidos que antes eran exclusivos de una plataforma podrían acabar licenciándose en varias para tentar a los clientes a utilizar otro servicio, y viceversa, haciendo que contenidos que estaban ampliamente disponibles pasen a ser de exclusividad de repente. El temor es que los consumidores se saturen y acaben por darse de baja de los servicios adicionales por completo.
Entonces, ¿cómo pueden conseguir los proveedores que su servicio siga despertando el interés del espectador? Manteniendo las cosas sencillas. No hay nada más frustrante que una experiencia de usuario compleja. En segundo lugar, y quizás lo más importante, cualquier contenido debe reproducirse con fluidez; los usuarios perderán la paciencia si una plataforma se cuelga constantemente, por muy bueno que sea el contenido.
Búsqueda de un equilibrio
Más servicios OTT conllevan inevitablemente un aumento de los debates en torno a la neutralidad de la red. Con la derogación de las normas de neutralidad de la red por parte de la FCC estadounidense, los proveedores de Internet pueden ahora restringir el acceso a su red en función de quién pueda permitirse pagar.
La realidad es que los servicios de transmisión y las emisoras necesitan a los operadores de telecomunicaciones, y viceversa. Sin embargo, hay que alcanzar un equilibrio; de lo contrario, uno de ellos podría desaparecer y el otro le seguiría rápidamente. Pero ¿quién paga? En última instancia, siempre repercute en el abonado final. Si las plataformas de contenidos como Netflix no quieren pagar a los proveedores de banda ancha para que prioricen su tráfico, el consumidor final recibe un servicio deficiente y, a su vez, podría darse de baja.
Si los proveedores de banda ancha empiezan a restringir el acceso y a cobrar una cuota por utilizar su conexión, las repercusiones serán mayores para los proveedores más pequeños y los abonados finales. Por lo tanto, la única forma de evitarlo es pagar, lo que incrementa el coste para los abonados. Y las posibilidades de éxito siempre son menores si hay que hacer frente a costes elevados.
Dicho esto, hasta la fecha el Reino Unido y, de hecho, el conjunto de la UE no están a favor de reducir la neutralidad de la red, permitiendo que todos compitan en igualdad de condiciones, por lo que parece que los abonados al menos no se verán atados de pies y manos por este cargo adicional y los proveedores de servicios seguirán disfrutando de un terreno de juego equitativo.
¿Cómo es la realidad?
La segmentación del servicio siempre va a encarecer los costes para el usuario final, ya sea mediante un incremento de los servicios o una subida del coste de la suscripción. Y para los proveedores, la guerra de contenidos también podría resultar costosa, ya que los espectadores esperan tanto cantidad como calidad. Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre las opciones a la hora de crear un servicio OTT, lo que esto supone para un proveedor de servicios y las repercusiones en los costes, que puede leer aquí.
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Para saber más sobre cualquiera de los temas que ha leído aquí, o para conocer cómo Spicy Mango podría ayudarle, escríbanos a hello@spicymango.co.uk, llámenos o envíenos un mensaje utilizando nuestro formulario de contacto y nos pondremos en contacto con usted.
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